ACTO CIUDAD DE MÉXICO, CIUDAD DE VANGUARDIA, SEGURA Y LIBRE DE VIOLENCIAS PARA LAS MUJERES.

México DF, 24 de noviembre de 2010.
Salón Hermes de la Expo Reforma

 

Ciudadano jefe de gobierno del Distrito Federal; ciudadana presidenta de la Comisión de Gobierno de la Asamblea Legislativa; ciudadana Malú Mícher, gran luchadora social en el tema de las mujeres; presidente de la Comisión de Derechos Humanos; secretarios de despacho; jueces y magistrados que nos honran hoy con su compañía y que fortalecen este evento.

Una vida libre de violencia, sobre todo cuando de mujeres hablamos, es lo más cercano a la búsqueda de la felicidad que los revolucionarios franceses hace más de dos siglos impulsaron a lado de libertades sustanciales al ser humano.

A nadie se puede negar ese derecho a una vida pacífica y productiva, a una vida que nos reencuentre con nosotros mismos y con nuestra gente, con lo que nos pertenece, con lo que nos corresponde.

Una vida feliz, ¿por qué no? Una vida plena y segura, ¿por qué no? Unas mujeres que saben vivir de manera completa y digna, ¿por qué no? Esos han sido fines de nuestra propia Revolución Mexicana, que ha buscado hacernos más justos, y ser más justos, es ser más iguales y ser más libres.

La dignidad de las mujeres se cifra en una fórmula simple al decirla, pero aparentemente más compleja para llevar a la práctica de la vida diaria. Es fórmula dice: las mujeres tienen que tener capacidad de autodeterminarse; de decidir sobre su propia vida y destino, sobre sus propias emociones y sentimientos, sobre sus planes y proyectos vitales, y por supuesto que la mujer, cada mujer, debe ser digna y ha de resolverse en sí misma y para sí misma en el espíritu solidario que hoy nos envuelve a todos.

Debemos fracturar y debemos cancelar para siempre, esos obstáculos tercos que aún persisten para mermar la dignidad femenina. Nada más obtuso, nada más tonto, nada más egoísta, nada más retrógrado que internar hacerlo. Esto es algo que no puede regatearse, que no puede tratarse con espíritu mezquino, que no puede soslayarse o quedar llanamente en el cajón de los buenos propósitos.

En el Distrito Federal, hemos avanzado indudablemente en la igualación de las mujeres, en pensar que todas y todos somos compañeros, camaradas, amigos en una misma travesía.

No hay ni debe haber diferencias más allá de las de género, que nos permite precisamente la completitud de nuestro ser.

Toda violencia, la que sea, de la materia que sea, y de la naturaleza que sea, anula la vida.

La violencia que observamos en nuestro territorio está cancelando hoy por hoy vidas enteras. Si esa violencia atenta contra las mujeres, ya no sólo escuece y atemoriza, sino que irrita, provoca enojo y frustración, pues con esa manera de pervertir la vida se anula todo vestigio de civilización.

No quiero caer en lo que conocemos como discriminación. Nadie desea eso. Con estas versiones negativas y groseras, simplemente lo único que apartamos y logramos es alejarnos del desarrollo.

Las mujeres han ganado un lugar, su lugar por méritos propios, y así deben ser conocidas y reconocidas. La cuestión está en las oportunidades; mientras más haya, más mujeres de relevancia vendrán a ocupar los sitios donde otros fracasaron o se mostraron tibios o se mostraron indecisos.

Sabemos de la oportunidad de la mujer a nuestra civilización. Debemos caminar juntos, como quiso el revolucionario Benedetti: “codo a codo que en la calle somos muchísimos más que dos”.

Quiero felicitar a Alejandra Barrales por su solidaridad y apoyo legislativo, que ha hecho de nuestras normas una legislación de vanguardia nacional.

Quiero felicitar a Martha Lucía Mícher Camarena, entusiasta directora de este instituto de la Ciudad de México, pues con todas las mujeres en el Día Internacional de la No Violencia contra las Mujeres que ha de celebrarse, y después cada día de los que vengan, lo celebraremos con el líder que ha dado muestras más que sobradas de su compromiso no sólo con ustedes, sino con todo el país.

Con usted estamos todos, Marcelo Ebrard.

 
 
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